Decirle "cálmate" a un niño enojado rara vez funciona porque no le da ninguna herramienta, solo una orden. Estas frases buscan nombrar la emoción primero y ofrecer una salida después.
En vez de "cálmate", probar: "veo que estás muy enojado, yo también me enojaría". En vez de "no pasa nada", probar: "esto sí te dolió, cuéntame qué pasó". En vez de "deja de llorar", probar: "puedes llorar el tiempo que necesites, aquí estoy". Nombrar la emoción antes de pedir que cambie de estado es lo que realmente ayuda a regularse.
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