Para niños que aún no leen con soltura, un horario con íconos dibujados o recortados es mucho más efectivo que una lista escrita. Se pega a la altura de sus ojos y se revisa junto con ellos cada mañana.
Una rutina simple de cinco pasos funciona mejor que una de diez: despertar, vestirse, desayunar, cepillarse los dientes, zapatos y mochila. Cada paso con un dibujo simple. Dejar que el niño marque cada paso cumplido (con una carita, una pegatina o un imán) le da autonomía real.